martes, 15 de diciembre de 2015

¡DEBATES, DEBATES, DEBATES¡ Programas.




Cuando era niño, todos los lunes en la ciudad había un ruidoso mercado en el que las aldeanas iban a vender sus productos al mejor precio posible. Por lo general eran productos de muy alta calidad. Sin conservantes ni artificios industriales. Solamente producto natural, sano y cultivado o criado con mucho mimo, con el reposo necesario, y la madurez que labra la experiencia.

Con los años, las aldeanas fueron desapareciendo por la inexorable calidad de las horas vividas. Los productos comenzaron a ser un poco más industriales. Aparecieron extraños agentes vigilantes que impusieron un término nuevo: el control.

La calidad ya no era innata, sino impostada. El reposo pasó a segundo término en pro de la productividad. ¡ Qué extraña palabreja¡ La experiencia pasó a considerarse un medio de vida por el que merecía la pena el mercadeo. Pero de otra clase.

Y aquí nos encontramos que en unas pocas décadas, hemos cambiado tanto que somos incapaces de discernir lo natural de lo artificial. Lo innato y aprendido con la experiencia, de lo impostado por otra palabreja extraña, heredada o impuesta por un modernismo envidioso: el márketing.

¡Qué recuerdos de la asignatura de dirección comercial de cuarto de facultad ¡ El despellejado análisis del consumidor final al que hay que escudriñar, con el fin de desnudar su alma y conocer cuáles son sus más profundos sentimientos, no para ayudarle a encontrar sus necesidades emotivas, económicas y sociales, sino para construir tablas estadísticas cuyos análisis nos permiten saber dónde hay que darle al consumidor en su amor propio, con el fin de que su “sensibilidad social “ le conlleve al acto de adelgazar su pecunia, en pro de nuestra otrora necesidad: vender a cualquier precio nuestro producto.

Y henos aquí en un año cuatro después del anterior. Henos aquí de nuevo en el maravilloso mercado de la política, en el que los distintos vendedores hacen gala de sus mejores artes para alcanzar al consumidor final. ¡ Consuma usted nuestra idea¡ ¡Alcance el éxtasis de nuestro programa¡ ¡Somos los únicos que …¡ ¡No busque más, no compare, no le hace falta…¡

Durante esta larguísima campaña electoral de casi un año, los ciudadanos hemos visto mucho debate. Mucho. La TV es un medio que alcanza a muchas personas y ya lo decía el dicho: Si quieres información: escucha la radio. Si quieres análisis: lee los periódicos. Pero si quieres espectáculo: mira la TV.

Y así estamos un día tras otro leyendo periódicos, escuchando la radio y viendo mucha TV. Nos pusieron debates y tertulias-debates, y debates tras tertulia, y con formato … ¿Qué decir de los formatos?

Los debates semanales de las distintas cadenas no tienen desperdicio. Los hay serios, analíticos, profesionales de la información, con opinión evidentemente e intento de análisis objetivo y los hay show, cirquenses, publicitarios, subjetivos, de parte. No voy a ser quien clasifique a unos y a otros. ¡ Faltaría más¡ Ya los ciudadanos en su libertad tienen la madurez suficiente como para identificarse con unos u otros o sencillamente cambiar de canal o sustituir la TV por otra alternativa más satisfactoria.

Pero de los debates que hemos visto en este año, podemos extraer conclusiones positivas que es lo que considero que tienen que aportar: JUVENTUD Y EXPERIENCIA.

Experiencia porque aunque los debates sean malos, buenos y/o mejorables, la sociedad necesita aprender a debatir. Son buenos porque identifican una forma de resolución de problemas entre los ciudadanos. Debatiendo, intento ponerme en el lugar de mi contrario, con el fin primero de conocerle en sus puntos fuertes y también en los débiles, y a la vez aprendo a fortificar mis posiciones desde una perspectiva de distancia y autocrítica, sencillamente por contraste con mi línea de pensamiento. El que sea más rápido de pensamiento, se lleva la partida, que no el campeonato. Porque la partida es una cuestión de rapidez, pero el campeonato es una cuestión de curva de aprendizaje y solidez.

Todo ello conlleva a la madurez de la sociedad, y la aceptación de la negación de contra como fortalecimiento de la postura común. Máximo común divisor o mínimo común múltiplo. Cualquiera de los sintagmas matemáticos trasladados a la sociedad, suponen un avance del conjunto porque permiten desarrollar puntos en común desde posicionamientos dispares.

Y Juventud. Por fin, las universidades están aportando técnicos en construcción social que participan activamente en desbancar a las viejas estructuras oxidadas durante los últimos 30 años. Nos podemos equivocar, pero no cabe la menor duda de que se está produciendo un cambio generacional muy importante y a una velocidad que ya veremos qué nos depara.

Se empieza por la TV y esperemos que pronto se pongan de moda las tertulias y los debates en los cafés, en las terrazas, en nuestras casas. Pero abiertos: alguien propone un tema y se forma una tertulia entorno a él.

El dia que eso ocurra, podremos decir que la sociedad ha alcanzado un estadio de madurez democrática muy importante en el que se acepta sin mayor trascendencia, que lo que no funciona, sencillamente se cambia. Y lo más importante: a la par, nacerá también el respeto por nuestro contrario y la solidaridad para con nuestro igual. ¡Por soñar, que no quede¡


De los debates de campaña tengo que decir que el que más me ha gustado fue el debate a 9 en el que se permitió un verdadero debate con unas reglas mínimas y confiando en que todos los participantes sabían de sus límites de tiempo y cedían cortésmente la palabra a la menor señal del moderador. Los otros debates, estaban demasiado encorsetados en cuanto a formato, y no aportaron gran cosa más que clasificar a los participantes, en mejores o peores desde el punto de vista de la escena.

Pero también la sensación fue mala en general, porque ningún “actor” convenció en mi opinión mostrando el peso necesario como para llevar la responsabilidad de un cargo único: el de presidente.
Y en especial en el debate de ayer entre los candidatos Rajoy y Sánchez. Tal vez, el peor debate y de peores formas de toda la historia de la democracia.
A veces tuve la sensación de estar participando en una asamblea universitaria, en la que fluye mucho más la ilusión que la reflexión. Me gustaría haber tenido la sensación mas de estar en un consejo de administración analizando pros y contras de un determinado proyecto. Y esto es lo que faltó: proyecto. O lo que es lo mismo: programa. De ahí el título de esta entrada. Mucho debate pero muy poco programa.

Hay que recordar en estos momentos a aquél político de los años ochenta con el que , posiblemente en lo programático el pensamiento socioliberal no tuviera muchas coincidencias, pero que la coherencia de su “ programa, programa, programa” y la responsabilidad generada, inspiraba un camino y forma de hacer.

Que los cabezas de listas electorales sepan debatir mejor o peor no creo que sea sinónimo de alcanzar el éxito o el fracaso en unas elecciones. Sin embargo, de la existencia de un buen programa y del aplomo que muestren los candidatos ante una adversidad importante, incluso en la defensa de su programa, sí creo que puede derivar en una influencia notable en la retina del votante.


Los socioliberales no estaremos en estas elecciones. Pero parece razonable que quien aspira a crear una línea de pensamiento político, se atreva a analizar los programas de las principales fuerzas que acuden y la impresión que de los debates, audiciones, lecturas y experiencias, tiene de cada partido y de cada cabeza de lista.

Del Partido Popular se puede decir que tuvo la oportunidad de hacer una verdadera transformación de la organización socio económica política en este país durante los últimos cuatro años. No solamente no lo hizo manteniendo las mismas estructuras, sino que además, subyugó a los ciudadanos al servicio de la administración, incrementado el poder de la administración ante éstos y haciendo que los ciudadanos estemos al servicio de la administración y no al revés. Ni siquiera intentó eliminar el llamado mal del funcionario que ya explicamos en alguna ocasión en este blog. Sacrificó a la sociedad poniéndola a las ruedas de la especulación y aplicó criterios neo liberales en una política que solamente tuvo de aceptable, los dos primeros años en los que convenció a los especuladores internacionales de que España era un país serio, y que era capaz de sacrificarse para cumplir con las obligaciones adquiridas. Pero no se puede pasar una legislatura completa, cercenando derechos a los ciudadanos sin ofrecer nada más a cambio sin ni tan sólo, indicar un camino para 10 años. Y respecto a su programa económico, lamentamos decir que no estamos de acuerdo en casi nada. No se merecen el voto de los socioliberales.

Del PSOE se puede decir que está absolutamente perdido, no tiene idea de país, no tiene líder, no tiene concepto global en lo económico, es incapaz de mantener una postura coherente y estándar que no choque con su propio partido. Ha demostrado que no es capaz de gobernar con éxito en lo económico . No se merece el voto de los socioliberales.

De la antigua Izquierda Unida y de la nueva versión, los socioliberales poco tenemos que decir, porque no coincidimos en las soluciones aportadas, ni siquiera en las causas de los problemas, salvo en los de sentido común ( corrupción, apoyo social, mayor peso de la sociedad en las resolución de los problemas etc ) Principios que no se corresponden con ideas políticas sino con ideas de sentido común en una sociedad moderna del siglo XXI.

Respecto a los nacionalistas separatistas, creo que ha quedado claro a los seguidores de este blog, que el pensamiento socioliberal es un desencuentro permanente con estas líneas de supervivencia económica.

Al hablar de los nuevos partidos llamados emergentes, y examinando sus programas y sus discursos, se obtienen reflexiones muy diversas:

PODEMOS es una extraña mezcla de pensamientos que confunde a los coincidentes del movimiento 15M entremezclando ideas de corte absolutamente progresista, en su más extrema conceptualización como el caso de su propio líder con el de otros ciudadanos más razonables que con líneas de pensamiento progresista pero con mucho sentido común, se acercaron a estas siglas como gesto de cambio de la sociedad.
 Y a modo de ejemplo, no hay más que ver el gesto absolutamente “chavista” del brazo con el puño en el corazón con el que se despidió en el debate a cuatro de la TV y que muchos venezolanos residentes en España escarmentados sintieron al verlo verdadero pavor, al recordar los años previos al alzamiento del movimiento nacional en Venezuela.

Tengo el programa delante y leo pretensiones como la de “remoralizar la sociedad”, “acabar con la Iglesia católica y su doble moral”, eliminación de los colegios concertados, desterrar la monarquía ( parlamentaria y votada no hay que olvidarlo), hacer empresas públicas ( no aclaran cómo), potenciar lo público, redistribución de riqueza y trabajo ( no indican cómo), escuelas infantiles gratuitas de 0-6 años ( medida que genera una elevación encubierta de impuestos- ver nuestra entrada en el blog al respecto), libertad de asilo a los inmigrantes, cuasi eliminación de la contratación a tiempo parcial y temporal, elevación del salario mínimo a 900,00 euros ( lo cual parece una contradicción cuando el salario medio es de 1300 euros). En definitiva, junto a éstas, hay otra serie de propuestas que tienen sentido común y que van en favor de los más desfavorecidos y con las que cualquier persona estaría de acuerdo, pero en conjunto, son medidas de muy difícil encaje en la línea de pensamiento socioliberal. En consecuencia, los socioliberales no podemos darles el voto.

CIUDADANOS es un híbrido que inspira la sensación de que van con los de la feria y vienen con los del mercado. Lo hecho hasta ahora deja muchas sensaciones agridulces y da la sensación, de que falta peso conceptual en lo social y que carecen de personalidad propia.
En su programa de gestión social proponen modificaciones estructurales socio políticas con las que se puede estar de acuerdo o no, y que puestas encima de la mesa, podrían ser negociables. Sin embargo, su programa económico hay que decir que no coincide prácticamente en nada con un programa socioliberal. A modo de ejemplo, ¿ es que los autónomos que declaran beneficios por debajo del SMI no consumen bienes y servicios? Como la respuesta es obvia que sí, ¿por qué no van a tributar? Podríamos desgranar uno a uno sus propuestas. Pero creemos que no procede.

Respecto a la educación, entendemos que se queda coja y que la permisibilidad y autonomía de centros introduce una competencia desleal entre centros y discriminación del alumnado según su capacidad económica.

La innovación científica es un paso adelante, entendemos que discutible pero un paso al fin y al cabo que se podría negociar.
La visión de la sanidad que se muestra no soluciona en absoluto el problema sanitario y demuestra que carece de una visión real del problema.

Por otro lado, renuncia a la soberanía de demasiadas competencias, en favor de la Unión Europea. Esto debilitaría al país frente a nuestros socios y mermaría la capacidad de negociación de situaciones complejas que pudieran darse. En lo referente a justicia y a conciliación laboral y personal, comete el mismo error que muchos partidos, de financiar públicamente guarderías infantiles, lo que supone una verdadera subida de impuestos a los ciudadanos. Para la justicia no propone una verdadera separación de poderes. No incluye una política energética que esté vinculada a una política industrial.
En resumen es un programa con muchas diferencias de lo que sería una política socioliberal.

UPyD, lo he dejado para el final porque me parece que su programa sin ser socioliberal, sí entra en profundidad en la modificación de la estructura socio político económica que puede necesitar España, pero hay principios básicos que son absolutamente contrarios a nuestro pensamiento. Mantiene algunas afinidades en lo particular, pero hay puntos de absoluta discrepancia.

La propuesta de un estado federal nos parece un absoluto despropósito.   No define en qué consisten los conceptos de “federal y corporativo”. Solamente indican que conlleva una reforma constitucional El estado de las autonomías está desarrollado en exceso y un federalismo conllevaría a un confederalismo que desembocaría en una verdadera anarquía ingobernable. La indefinición de conceptos tan importantes, necesitan ser definidos de forma concreta y no ambigua y carente de contenido.

La fusión de municipios que no alcancen los 20.000 habitantes, es reconocer un desconocimiento de uno de los mayores problemas de deslocalización de la población en España: la falta de una política de urbanismo global para el país y falta de infraestructuras básicas en el entorno rural.

La eliminación de las diputaciones engorda aún más el error de la vertebración de la comunidad rural.

Descendiendo el número de habitantes por municipio a los 10.000, vinculando esta cifra a una extensión geográfica máxima y haciendo que las diputaciones conjunten servicios a los municipios menores, se conseguiría establecer cabeceras de comarca potentes que fueran capaces de prestar servicios a la comunidad y atractivas para la fijación de población en los núcleos rurales. Se trata precisamente de establecer núcleos rurales con servicios, luchando así contra la dispersión geográfica.

La supresión del Senado nos parece una medida equivocada. Los socioliberales proponemos la transformación de esta cámara por fusión de las cámaras territoriales que son las que tienen que desaparecer trasladando sus debates al Senado.

La reforma laboral con el contrato único con indemnización creciente, con acumulación voluntaria de las indemnizaciones promoviendo el cambio de trabajo voluntario ( que equivale a inexistencia de indemnización), con incremento de la actividad pública en la búsqueda y creación de empleo, es desconocer en mucho la realidad de la empresa, y definirse como un teórico falto de conocimiento real del mundo empresarial. Además de ser muy poco socioliberal.

A modo de resumen, aunque en el programa propuesto UPyD supone un cambio estructural profundo que en muchos puntos se acerca a lo que pudiera necesitar España,  en estos momentos mantienen errores y falta de definición en los cambios propuestos, e inexistencia de una ambición intelectual en la modificación de la sociedad,   que conllevan a no identificarse como socioliberales.

Por lo visto en el análisis de lo propuesto por los partidos, mal panorama tenemos los socioliberales de cara a estas elecciones.  Pero hay que votar, por lo que el voto en blanco, puede que sea la mejor opción.


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