sábado, 30 de marzo de 2013

CHIPRE: EUROPA REVIENTA LA SEGURIDAD JURÍDICA


Hasta ahora uno de los principios básicos de la  construcción  europea  era la seguridad jurídica existente.  Europa presumía y vendía al exterior seguridad jurídica porque ésta  formaba parte de los pilares básicos europeos y así se manifestaba  en todos sus actos.
No  hay que olvidar que el Derecho Natural transfiere la idea de la justicia social a los ciudadanos por medio del Derecho Positivo, que no es más que la manifestación  por mayoría del consenso de los ciudadanos en el establecimiento de las reglas con las que quieren ordenar los actos de la sociedad.

Dicen los manuales básicos del Derecho que los ordenamientos jurídicos tienen que fijar criterios objetivos,  ciertos y verificables así como preservar  el rasgo de coherencia  en su totalidad para alcanzar los fines de certeza y seguridad jurídica.
También dicen que las normas jurídicas son los mensajes con los que el Derecho se comunica, en su cualidad de orientación y organización de la conducta del  grupo social que regula.  Bajo un punto de vista funcionalista, el Derecho tiene como  función regular  el permanente conflicto social existente en toda sociedad, mantenerlo judicializado transformando los conflictos sociales en conflictos jurídicos.     – Manual de la UNED de la Facultad de Derecho: Las  funciones sociales del Derecho. Varios autores.-

Pues henos aquí, que con el caso de Chipre, Europa con las políticas de austeridad, ordeno y mando de Alemania,  acaban de reventar la seguridad jurídica existente en todo el continente en materia de economía, respeto político y posicionamiento geoestratégico a nivel mundial.
Y la seguridad jurídica se rompe comenzando porque los políticos que nos gobiernan confunden imposiciones bancarias con accionistas de los bancos. Se oye en la sociedad, pensar que si tienes  un capital superior a 100.000 euros  (partimos de la idea de que siempre su obtención es legal y transparente ) , adquieres la  obligación con el banco en el que depositas tu confianza, de  apoyar a este banco en las adversidades económicas y / o financieras que sufra dicha entidad.   Esto se puede entender cuando se habla de una única entidad financiera, pues los impositores “salvaguardan “ su dinero en la entidad con la confianza de de que no solamente ésta va a guardar su dinero, sino que además tiene una posibilidad de incrementar sus depósitos, al menos por encima de la inflación manteniendo así el poder adquisitivo.

 Este riesgo subjetivo de quiebra de la entidad bancaria , es asumido para saldos superiores a los 100.000 euros por el depositante,  como un riesgo tolerable al adoptar una decisión de diversificación de estrategias impositivas e inversiones diferentes.   El depositante elige, ya que tiene la opción de ello,  confiar en una sola entidad o en varias. Este es el principio básico de la economía capitalista que hasta ahora, estaba implantado en Europa : La decisión y el riesgo individual en un entorno estable.   El sistema era seguro  porque no se cambiaban las reglas de juego en mitad de la partida. Los Estados garantizaban  con su solvencia una parte del riesgo existente en la industria  financiera a cambio de que de los negocios florecientes que se ejercían en ellos se cobraba una parte vía impuestos. Y establecían  para ello organismos de control  y reglas estables con las que todos los operadores financieros jugaban dando estabilidad al sistema.

Pero con el caso de Chipre la situación ha revertido.  Amparándose en una situación subjetiva e individual de riesgo país, intervienen la  industria financiera ( no una entidad sino toda la industria financiera chipriota) bajo dos fundamentos:  El riesgo sistémico de la banca en relación al PIB  y la consolidación de Chipre como destino de blanqueo del dinero de las organizaciones delictivas. Y se inventan un impuesto que no grava los beneficios sino que detrae parte del capital a cambio de nada.    Sencillamente : ESCANDALOSO.
Alegar el riesgo país, es reconocer que los organismos de control de la Comunidad Europea han funcionado como un verdadero desastre. Cientos de técnicos y políticos tomando decisiones sobre el control financiero de un país pequeño y sin embargo, permitieron que dicha situación creciera como un cáncer que hay que extirpar.   Y alegar  que Chipre es un destino para el blanqueo de dinero supone un escándalo y la mayor vergüenza que podría generar para los organismos de control.  
Haber  permitido rebajas  fiscales entorno al  50% más bajas que la media europea sin medir las consecuencias es un error que alguien tiene que pagar en los organismos de control. Pero no los impositores.  Si hay pruebas contundentes de que Chipre  o cualquier otro país se financia mediante tráfico de dinero proveniente de organizaciones delictivas, se lleva públicamente a los Tribunales que competan  a los organismos de control, a las entidades concretas o a los políticos de turno.  Pero  no a los impositores.

Los impositores no son accionistas que asumen riesgos sistémicos de una industria  sino prestamistas coyunturales de cada entidad subjetiva.  Es exactamente igual que obligar a los acreedores a una quita, pero no, quien fracasa es Europa en sus controles y la quita se la imponen a los impositores.

 En esta guerra abierta iniciada por la ortodoxia alemana de querer controlar toda Europa, pagan justos por pecadores y perdemos todos, porque todos los ciudadanos europeos sentimos  el desgobierno, la anarquía fiscal y la política de horizontes perdidos a donde nos llevan nuestros gobernantes europeos. Nos alejamos de la política y de Europa que pasa a ser vista no como una solución sino como un verdadero problema.

Como ya dijimos en otras ocasiones el control es necesario y los mecanismos de control deben de funcionar con nombres y apellidos. Y la responsabilidad fallida de éstos no la han de pagar los ciudadanos ni las empresas,  pues en ningún sitio está escrito que los ciudadanos votan a unos determinados políticos para que generen  problemas en  la sociedad,  se vayan sin ninguna responsabilidad y los desaguisados tengan que ser pagados por los ciudadanos.
La  afirmación dada estos días por un ministro alemán de que a partir de ahora esta situación de Chipre puede darse en cualquier otro Estado,  confirma que el objetivo es reventar la seguridad jurídica existente hasta ahora trasladando la responsabilidad de los políticos a los ciudadanos de manera solidaria, sin embargo ni los sueldos, ni las condiciones laborales de los políticos ( que son muy buenas) son solidarias con los ciudadanos.

El horizonte se plantea muy negro. Los impositores  internacionales que tenían capitales en Chipre por su baja fiscalidad, suelen ser impositores cuyo perfil  financiero les sitúa en cualquier país, lo que quiere decir que dada la precariedad e inseguridad del sistema  financiero europeo  buscarán otros destinos extra europeos. No solamente de Chipre, sino de fuera de Europa a favor del continente americano y asiático  Esto conllevará a reducir las inversiones en Europa y a que los mercados internacionales  eleven los tipos de interés de las deudas de los Estados, empobreciendo aún más la sociedad europea.
Como sigamos con esta cantidad de errores en la política europea, cada vez tendremos menos peso específico a nivel mundial y volveremos a la situación de empobrecimiento de los años cincuenta.

¿Acaso no es más fácil atraer inversiones extra europeas mediante una  tasa impositiva igual para toda Europa sujeta a la creación de un determinado volumen de empleo estable y permanencia durante un mínimo de 10 años?  De esta manera sustituiríamos especulación financiera por inversión industrial o tecnológica.  Cualquier idea salvo trasladar a los ciudadanos los errores de los políticos.
 Pero por desgracia, mucho nos tememos que ahora más que nunca, nos damos cuenta de que la construcción europea se hizo a martillazos. Somos  todavía demasiado diferentes los países unos de otros para fusionarnos.  Necesitamos dar un paso atrás, volver a los cimientos de la Comunidad Europea, redefinir de nuevo las variables de fusión europea y proyectar planes de consolidación a un plazo mayor. Volver hacia atrás para avanzar más rápido.  De lo contrario, la construcción europea económica y social acabará volando todo por los aires.

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