viernes, 11 de enero de 2013

EL PATITO FEO

En un remanso de una gran laguna, un día de primavera con un sol espléndido en el cielo, surgió una disputa entre dos clases de patos de las muchas que habitaban en ella.
No era una laguna cualquiera. A ella llegaban numerosos arroyos con distintas aguas que procedían de muchos lugares lejanos. Había arroyos que provenían del norte. Otros provenían del sur. Algunos se cruzaban desde el Oeste. Pero todos, absolutamente todos, llevaban aguas muy parecidas las unas a las otras juntándose en el fondo de un verde valle formando la gran laguna.
En un lado de la misma, se erguía frondoso un  viejo alcornoque que además de conceder una gran sombra en los días de verano, hacía de lugar de reposo para los muchos pájaros que en él se posaban. Y en un hueco de la tercera rama a la izquierda a espaldas del sol, vivía un viejo búho.

A lo largo de la laguna se iban repartiendo entre los juncales y cañaverales las distintas familias de patos.  Los había de todos los colores y tamaños: ánades reales, piquirrojos, patos colorados, gansos nené, ánsares, canelos,…   Todos convivían en la laguna comiendo gusanos y peces, tomando el sol, poniendo sus huevos y nadando en la primavera con sus crías de un lado a otro. Podían recorrer toda la laguna sin ningún problema, siempre y cuando no utilizaran los nidos ajenos o robaran la comida de los otros. Y estos motivos eran las causas de la mayoría de disputas entre patos.
Pero este día, el motivo de la discusión fue otro. Apareció en la laguna una clase de pato mas bien feo, nadicorto, de cuello espurriado y escuchimizado que nadie conocía, pero que sin embargo, a su nadar, dejaba un  halo de prestancia que no resultaba indiferente. Tenía en su cabeza una pequeña mota dorada que resultaba desconocida para los patos de la laguna. Nadie sabía muy bien de qué arroyo provenía, pero lo que estaba claro es que no procedía de ninguno de los huevos incubados en la laguna.
-       Pues yo creo que es de nuestra familia-    decía uno.
-       No. Es imposible. ¿No ves el manchón rojo junto al ala? Es de la nuestra. ¡Seguro¡-      replicaba el contrario.
-       ¡Pues que sí¡
-       ¡Pues que no¡       Y así los dos un buen rato.
Al ver que no alcanzaban un acuerdo, aprovecharon que el búho del gran alcornoque estaba despierto y fueron a preguntarle.
-       Gran búho: ¿conoces a aquél pato de allí?      Señalaron.
-       ¿Aquél que es diferente?
-       El mismo-       contestaron al unísono.
-       Es un cisne -      contestó el búho.
-       Pero esos, ¿no son blancos y con un largo cuello?
-       Si. Pero este es de una familia distinta-      respondió el búho.
-       ¿Distinta? ¿ En qué?-       preguntaron los dos patos de nuevo al unísono.
-       Los de esta familia, se caracterizan por tener el plumaje de un blanco muy pulcro, un larguísimo cuello, un hermoso pico y todos tienen en la cabeza un gran manchón de color dorado. Por este motivo se les conoce como el gran cisne de cabeza dorada.
-       ¿Y esta familia está emparentada con alguna de las nuestras?    Preguntaron.
-       No. Nunca se emparentan con otras familias que no sean la suya.
-       Y eso por qué?          Continuaron preguntando.
-       Porque con su lento  nadar, aparecen cuando los otros patos se pierden si el arroyo está revuelto por las lluvias o se meten en lagunas que no conocen. Son capaces de estirar su largo cuello para ver más lejos que el resto de los patos y como tienen que guiar a todos los demás patos con independencia del color de sus plumas, no les está permitido rozar sus plumas con las de los demás. Si así lo hicieran, sus plumas blancas bien seguro que se mancharían  y ya no podrían ser vistos por los demás como una luz a seguir.            Aseveró el gran búho.
-       Y cómo podemos emparentar con su familia?        Preguntó uno de los patos con los ojos muy brillantes.
-       Todos los grandes cisnes de cabeza dorada nacieron patos feos como ese que veis. Pero en aquéllos que tienen buen corazón, con mucho esfuerzo y renunciando a mezclarse con las demás familias, su color se vuelve blanco, su cuello se estira y su cabeza va alcanzando un color dorado.
-       Ya, y ¿cómo se llama la familia a la que pertenecen? -  preguntó de nuevo el pato con los ojos brillantes.
-       JUSTICIA.   Finalizó el búho.


Jesús Mª  Glez.  enero 2013.
Apuntes para la modernidad social ©

Con este relato, pretendemos resaltar la necesidad de que exista una  absoluta independencia de jueces y fiscales del poder político. Cuando un Estado no es capaz de articular la Justicia independiente como un valor en alza en la sociedad, el Estado  pierde el Derecho otorgado por los ciudadanos  por consenso, para imponerles exigencias. Éstos, ante esta situación, quedan legitimados para rechazar el sistema elegido como instrumento para regular la sociedad y buscar alternativas que se acerquen al ideal de Justicia que impera en todo sistema jurídico.  No hay que olvidar que el Derecho Natural o ideal de Justicia se integra dentro del Derecho Positivo por consenso. Y cuando éste se pierde, todo sistema de gestión de la sociedad se empobrece, el Estado se retrae, redimensionándose hacia la intolerancia y se genera violencia en la sociedad, al alcanzar los ciudadanos una situación de impotencia que les supera.
La corrupción que parece haberse instalado en España asociada a la política, supera con creces el grado de aceptación mínima tolerable que los ciudadanos pueden soportar. La insostenible dependencia funcionarial del Ministerio Fiscal, el nombramiento político de los altos cargos de la Judicatura, el trato de favor a los políticos ante procesos judiciales impresentables, la absurda imposición de abusivas tasas judiciales que hacen más rentable para el ciudadano resolver sus problemas por cuenta propia que utilizar el Estado de Derecho, la medieval reorganización procesal por la que muchos pleitos quedan resueltos en primera instancia sin posibilidad de revisión posterior, con la consiguiente rebaja en la calidad de las sentencias  por el saber de los jueces de primera instancia, de que nadie las revisará. Todo esto ha llevado a España a retroceder muchos años atrás en calidad de la Justicia.
Los ciudadanos no creen ni en políticos, ni en jueces, ni en fiscales, ni en la administración pública.  
Cuando la corrupción está tan implantada en el sistema, ya no se puede corregir. Hay que desmontar el sistema. Mantener los cimientos que sostengan al país. Reeducar a la sociedad y construir un Estado nuevo basado en valores de igualdad, transparencia educación y formación, crecimiento por el mérito y solidaridad.
 Esto no lo van a hacer los partidos políticos actuales. Tendrán que surgir de entre la sociedad nuevos partidos, nuevos valores, nuevas personas, nuevos métodos de  gestión y valoración.
¿Seremos capaces de hacerlo?  ¡Estamos obligados a ello¡

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