martes, 18 de octubre de 2011

ANOTACIONES SOBRE EL ANÁLISIS DE LA DISPONIBILIDAD FINANCIERA EN EL MERCADO ESPAÑOL: 1990 - 2011.

ANOTACIONES  SOBRE EL ANÁLISIS DE LA DISPONIBILIDAD  FINANCIERA EN EL MERCADO ESPAÑOL:  1990 - 2011.

La mala situación financiera y por ende, laboral que se desprende de ella, que estamos sufriendo hoy los países llamados  “del primer mundo”, necesita de un análisis histórico que aporte una visión mas amplia y que nos ayude a su comprensión.
 
Lejos de entrar en los problemas  de especulación financiera internacional que estallaron en los últimos años, y centrándonos en el caso particular de España, el análisis que se expone a continuación pretende  hilvanar cuáles son las causas que desencadenaron el problema  y cuáles serían las variables importantes del modelo  sobre las que actuar con el fin de aportar soluciones válidas.

La conclusión alcanzada es que la paralización financiera actual para particulares y empresas, es consecuencia de las   políticas de planificación financiera a nivel estatal que practicaron los distintos gobiernos en los últimos años y de la falta de cohesión de política financiera en Europa.  Y esta afirmación se apoya en el siguiente análisis:  
A partir de 1990, el mercado bancario en España comenzó a sufrir los síntomas de la atonía  que el modelo de estructura económica existente apuntaba,  y los que por aquél entonces trabajábamos en banca, veíamos cómo el movimiento empresarial del sector,  llevaba a cabo estrategias de consolidación de mercados por la vía de la eliminación de la competencia, ante la imposibilidad de poder crecer, vía captación de recursos generados por los diferentes  operadores  económicos actuantes.
El modelo de formación  profesional  existente ya había comenzado a decaer en calidad y servicios ante las inexplicables políticas educativas desarrolladas en los 80 basadas en más práctica y menos nivel teórico, lo que desencadenó sin duda, en una merma considerable de la calidad del factor trabajo especializado, convirtiendo a los nuevos maestros industriales en especialistas prácticos pero con escasa capacidad de reacción ante los imprevistos y ante la cada vez mas rápida, evolución tecnológica.
Este problema junto a la escasísima formación del empresariado español de la microempresa y Pyme, ( que generan casi el 90% del empleo en España) y a la falta de visión y estrategia  internacional, fue consolidando un “savoir faire”   en los negocios basado en la especulación y  el ladrillo, es decir, basado en  un recorrido  cortoplacista sin fondo alguno y sin músculo necesario para absorber todos los excedentes del sector industrial generado en los años 80.
A todo esto, hay que añadir que como consecuencia de la inexistente estrategia de las diferentes administraciones públicas y afines semi públicos   para reconvertir y reeducar a la sociedad laboral y a la sociedad en general, mediante la inculcación adecuada ya no solamente de formación industrial sino en formación de gestión empresarial, fomento de la inversión y del ahorro como fuente principal del crecimiento,  internacionalización de las empresas, intercambio real mediante participaciones  sectoriales internacionales y formación de técnicos adecuados en aquéllos sectores con inexistente formación, tales como agricultura y pesca, consolidaron entre todos un mercado por lo general  inmóvil, incapaz y subdesarrollado para competir con otros operadores a nivel internacional.
Bajo este análisis, serían culpables de esta situación los  políticos, organizaciones empresariales, sindicatos y  universidades principalmente.

El resultado de  este conglomerado fue que la generación de liquidez empresarial, que se traduce en liquidez general para el sistema, fue desapareciendo hasta alcanzar una situación muy difícil y complicada con la crisis de 1992-1994.
 A partir de 1995 tras esta crisis, en lugar de corregir las deficiencias estructurales existentes, se optó por apostar por un modelo especulativo de generación de liquidez (comercio, servicios y ladrillo)  manteniendo todas las estructuras existentes, y las consecuencias de esa estrategia, las estamos sufriendo  hoy en día como agravante  del  daño coyuntural internacional  actual,  en comparación con otros países de nuestro entorno.
1990- 1995
¿Cuál fue la estrategia de la banca ante tal situación?
Ante la falta de liquidez generada por el mercado interno (hay que recordar que España es un país donde el ahorro es escaso),  con una sociedad cada vez mas consumista, el sector bancario comenzó una guerra de captación de pasivos basada en dos posicionamientos:
 1) la absorción de entidades bancarias mas pequeñas eliminando  competencia.
  2) La expansión territorial de entidades tradicionalmente regionalistas (cajas de ahorro) con el acercamiento al ciudadano de oficinas, eliminando las grandes macro oficinas bancarias y sustituyéndolas por pequeñas sucursales en poblaciones relativamente pequeñas con lo que se abarcaba mayor cuota de territorio.
Con esta estrategia, por un lado se eliminaban centros de decisión de competencia por la vía de la absorción de entidades, consolidando así un mercado en oligopolio, mas manejable en todos los sentidos ( político incluido),  y por otro lado, se segmentaba el mercado en áreas  territoriales de negocio mediante la creación de esas oficinas bancarias basadas en el principio de “unidades pequeñas y rentables”. La oficina tipo era la de un director y uno o dos administrativos de los cuales uno de ellos solía hacer las veces de apoderado o subdirector.
Ni que decir tiene que el modelo  tenía sus contrapartidas:  Para el consumidor, en principio la idea era vendible, pues veía cómo en poblaciones relativamente pequeñas, se instalaban oficinas bancarias nuevas, lo que le ofrecía mayor competencia en los servicios que recibía o en aquéllos casos en los que no existían las oficinas bancarias, le suponía comenzar a recibir estos  servicios.
Pero por otro lado, esta reducción del tamaño de las oficinas, también hacía incrementar las colas en las oficinas existentes, mermando así la calidad de los servicios prestados hasta entonces.

Fue en esta época cuando comenzaron a marcar diferencias los grandes grupos bancarios que existen hoy en dia :  Grupo Santander, Grupo BBVA, Caixa Grup, Caja Madrid, y pocos más. A su vez fueron cerrando sus cuentas entidades extranjeras que también habían intentado un posicionamiento estratégico  en la península (grupos franceses, portugueses y alemanes  principalmente). Y todo ello por una causa vital en el negocio bancario: Falta de rentabilidad.

Debido a la situación descrita anteriormente de inexistente generación de liquidez, la tarta era demasiado pequeña para todos y la lógica del mercado hizo que solamente los mejores posicionados pudieran afrontar la consolidación estratégica en el mercado nacional.
¿Qué hacer entonces?
Pues la estrategia seguida fue la de que si no podemos crecer mas por la vía del pasivo ( captación de capitales) , habrá que intentarlo por la vía del activo ( dación en préstamo) y por la diversificación internacional, hecho éste último que solamente podrían iniciar las entidades con mayor músculo financiero.

La banca tradicional (tomar dinero a préstamo para prestarlo a su vez con un diferencial) diversificó en banca industrial (participación en el capital de las empresas industriales) asumiendo los riesgos de las empresas, es decir, asumiendo los  beneficios pero también las estructuras, los criterios y también los errores. 
Este camino iniciado por el sector bancario español se mantenía en cierto equilibrio a tipos de interés altos, en los que los capitales se retribuían en el entorno del 9- 10% y se prestaban con un diferencial respecto al pasivo entorno al 5%.
Durante estos años entre 1990 y 1998, todavía no estaba consolidada la globalización financiera ni mercantil ni comercial aunque ya apuntaba serias intervenciones (descapitalización  y deslocalización de empresas hacia territorios de menor coste de producción, entrada en los mercados tradicionales de productos procedentes de los mercados emergentes , consolidación de China como gran operador internacional, disminución de la producción industrial en Europa, movimientos geo económicos de los grandes operadores industriales , etc)  Todo ello, lo que verdaderamente consolidó fue el camino para la transferencia de rentas del mundo llamado occidental hacia los países emergentes, con un grave deterioro de las estructuras económicas de los países europeos, dejando de ser países productores y pasando a ser países receptores o consumidores ( salvo excepciones ) con todas las consecuencias que de ello se derivaron : paro y disminución del estado de bienestar principalmente.
España no fue ajena a estos movimientos, y además teníamos varios agravantes como el  de ser un país con un déficit democrático importante dada nuestra relativa  juventud, como el de que los órganos de decisión del país (políticos, empresarios y sindicatos ) no fueran capaces  ni de definir la estrategia de competencia del país ni de por supuesto, orientar a la sociedad hacia esta estrategia de competencia. Es decir, países como Suiza, Alemania, Francia, Inglaterra y  los países nórdicos tienen todos en común que sus sociedades comulgan con la estrategia de fortaleza que les marca como diferentes respecto a los otros: banca especializada y maquinaria de precisión para los suizos, maquinaria pesada y equipamientos para los alemanes, distribución, agricultura,  financiación y energía para los franceses, tecnología para los nórdicos, etc.
Sin embargo España, mas allá de la industria del turismo no éramos especialistas en nada, no éramos capaces de orientar nuestra formación ni nuestra inversiones hacia un camino concreto. Dejamos que nuestras empresas caminaran solas sin apostar por una ruta estratégica y económica viable. Y para mayor carga de nuestras alforjas, cometimos el grave error de permitir con un grado alto de descontrol y falta de planificación, que ingentes cantidades de recursos se perdieran en una administración exageradamente duplicada y sin sentido que lo único que hizo fue mermar nuestras escasas ventajas competitivas respecto de nuestros competidores inmediatos : el resto de países.
Decía un profesor de contabilidad financiera que toda empresa carece de valor si no mantiene fuerte en vigor  dos conceptos imprescindibles en la existencia de toda organización económica:  planificación y control.    Sin la existencia de estos dos conceptos inmersos como principios inviolables y marcados a fuego si es necesario, no se puede generar y consolidar ninguna organización económica ni social.
Por esta situación en el sector industrial en España y por la falta de generación de liquidez que desencadenó con el paso de los años, la banca industrial decayó hacia una banca industrial minoritaria y exclusiva de sectores estratégicos, que es la que se mantiene en la actualidad.



1996-2007
Para mayor dificultad, la llegada del euro mermó aun mas las posibilidades de generación de liquidez y por ende las posibilidades de fortalecer a nuestra banca.
Los tipos de interés cayeron a mínimos históricos que el mercado nacional nunca conoció. Cayeron incluso por debajo de la inflación, lo que suponía, en términos reales, particularidades fiscales incluidas, que era mas barato endeudarse e invertir que no hacerlo.
La estrategia desarrollada por la banca hasta entonces se encontraba de repente en una encrucijada dado que el diferencial entre pasivos y activos, no cubría los costes de mantenimiento de la estrategia de expansión de la red de oficinas, a lo que había que añadir, la ya idiosincrática falta de generación de liquidez existente desde antaño en España.
Y la nueva pregunta del sector bancario era inevitable : ¿ Y ahora por dónde tiramos?
 Los posicionamientos internos hacia los empleados de banca fueron terribles: prejubilaciones forzosas, presión comercial desconocida hasta entonces, bajas por depresiones en las plantillas de bancarios, traslados forzosos a modo de castigos por incumplimiento de objetivos, …
El sector había tocado fondo y no había, salvo los que ya estaban inmersos en una diversificación internacional – Grupo Santander y BBVA principalmente- manera de escapar del problema.
Pero por otro lado, la apertura de Europa con la creación del euro suponía una fuente de financiación de muy fácil acceso y a un precio muy bajo desconocido hasta el momento, por lo que la nueva estrategia del sector bancario fue la de la obtención de la rentabilidad por un tercer camino: el incremento del activo y de los ingresos por comisiones.  Solo había un problema y era en dónde se invertía  y en qué sector, y  que a su vez supusiese una mayor fuente de financiación bancaria.  
Ante la falta de estructura industrial competitiva y atractiva como motor de generación de liquidez, el ladrillo fue la herramienta perfecta para la inversión de la banca. Por un lado se financiaba un bien deseado por el consumidor final ( menos experto que el consumidor industrial y por tanto mas manejable) y  se financiaba un bien real susceptible de transformar en instrumento financiero negociable en el mercado de capitales,  con lo que se conseguía la doble función: rentabilidad en la inversión y financiación a largo plazo por medio de los títulos  con garantías hipotecarias. Esto mantenido durante unos años junto al mantenimiento de las estrategias de reducción de costes y de absorción de la competencia, permitiría a la banca volver a recapitalizarse para afrontar nuevos retos industriales que deberían de aparecer en el futuro.
Solamente quedaba convencer al mercado de que el sistema era creíble y sostenible  y a las administraciones públicas que era una inmejorable fuente de financiación, con lo que ganaba todo el mundo. Se mejoraría la calidad en la vivienda, se modernizaría el parque de vivienda existente en España y la administración obtendría una fuente de financiación importante para el sistema.
El convencimiento político no fue difícil.  Los partidos políticos estaban demasiado endeudados con la banca como para no ceder a sus peticiones, legítimas por otro lado, pues no era mas que un nicho de mercado como otro cualquiera ( a la postre menos ético pero eso es otro tema). Posicionamientos de grupos empresariales vinculados a los partidos políticos terminaron por cerrar el círculo necesario para desarrollar el mercado: acceso fácil y barato al dinero, modificaciones legales necesarias y mucho márketing basado en el incremento de la calidad de vida de los españoles.
Pero el sistema se olvidó de una cosa importantísima en el caso español.: La propia idiosincrasia española y su picaresca ( la existencia del Lazarillo de Tormes que dirían los castizos) y que esa solución no arreglaba los problemas estructurales a largo plazo.
Lejos de entender el problema existente, lógicamente pues nadie se lo había explicado a los españoles, y dada la escasa cultura financiera y económica de la sociedad española, el caldo de  cultivo del endeudamiento generalizado desmedido fue fácilmente abonado. A su vez, los políticos inmersos en su visión cortoplacista, falta de visión de Estado y subsistencia económica y funcional, fomentaron la financiación ajena como la vía perfecta para hacer crecer el estado del bienestar, aunque mucho me temo que no sabían en qué consistía el estado de bienestar.  La falta de control gubernamental, la estructura administrativa deficiente que se consolidó y la libertad de acción fomentada por los políticos y demás operadores afines en su lucha interna por mantener el nuevo flujo de rentas surgido y, aparentemente indefinido, terminaron de definir las causas de la situación actual: despilfarro, corrupción y endeudamiento de la sociedad en general.
Todo esto se consolidaba al mismo tiempo que se afianzaba la separación entre clase política y ciudadanía ,  se consolidaba la fusión entre clase política y clase privilegiada proveniente no del crecimiento económico adquirido por generación de plusvalías productivas, sino por generación de plusvalías especulativas y se producía el acercamiento entre los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, alcanzando casi tintes medievales  mediante el  establecimiento de estructuras de verdadero vasallaje social.
La banca mientras tanto, hacía su negocio ( vuelvo a decir que totalmente legítimo por otra parte), y conseguía financiación para sostener la estrategia de consolidación, que recordamos era para los grupos fuertes el mercado internacional y la compra de entidades mas  pequeñas  y rentables, y para el resto mantenerse  en funcionamiento a corto y medio plazo, como el caso de  las cajas de ahorro principalmente.             Y este modelo podía sostenerse tanto tiempo,  como liquidez hubiera en los mercados internacionales de capitales.
 Solamente quedaba una cosa por hacer: controlar las valoraciones de los inmuebles. Y aquí es donde el Banco de España y la Hacienda Pública  cometieron los mayores errores.
Las sociedades de tasación se encontraron con que la banca les exigía obtener valoraciones altas con las que asegurar las operaciones de crédito. Los criterios de valoración utilizados fueron cambiados por variables a precio futuro y no a precio presente. Es decir, cuando se hacía una valoración, no se tenía en cuenta como principal “id” la situación actual del inmueble o solar, sino que a partir de unos mínimos, se consideraba  la valoración a futuro durante toda la vida de la operación (valoramos el inmueble no a precios de hoy sino a precios de dentro de 30 años que es la duración del préstamo hipotecario).      Esto lo que introdujo fue una distorsión en el mercado inmobiliario  gravísima, al suponer estos criterios una notable influencia a favor de la oferta  e impidiendo que oferta y demanda se ajustaran por sí solas como venía sucediendo y como debe de regularse en  los mercados.
Pongamos un ejemplo: constructor que pone en venta una promoción de viviendas a precio X. El ciudadano medio que la adquiere, desconoce si el precio X es correcto conforme al mercado, es un precio inflado,  o es un precio barato.   Por eso se fía de lo que diga la tasación:    “si el tasador que es un imparcial, me dice que vale X, es que lo valdrá”,  piensa el comprador.
Pero lo primero que le pregunta el tasador al futuro comprador, es : ¿cuánto necesita?  Con lo que el tasador sabe que si no saca esta operación, el banco contratante no le va a volver a contratar, teniendo que cerrar su negocio.    Resultado:  Se incrementó el precio de venta a favor de la oferta en un mínimo de un 10-15 %. Hecho que repetido a lo largo del tiempo y a lo largo de toda la cadena de transmisiones del inmueble (compra de terrenos, construcción, intermediario hasta llegar al consumidor final ) justifica que el precio de la vivienda en España en el periodo 1990-2008, haya experimentado un alza en los precios en mas de un 200% mientras que los costes de construcción no alcanzaron el 30% de incremento.
La situación normal tendría que haber sido una tasación imparcial  por debajo del precio de venta ( en la inmensa mayoría de los casos)  y cuando el comprador quiere pagar mas por la compra está en su libre decisión el hacerlo, pero si no está dispuesto a pagarlo, la oferta tendrá que bajar su  precio para dar salida a su stock de vivienda.
Esta es la situación que vive España ahora con el stock de viviendas, totalmente sobredimensionado y sobrevalorado.
Si tanto el Banco de España como los distintos gobiernos  a lo largo de estos años hubieran controlado el crecimiento del mercado inmobiliario sencillamente controlando la imparcialidad de las tasaciones, es decir, eliminando las distorsiones impuestas por la oferta, nunca habríamos llegado a endeudar a la sociedad española de esta manera. Por otro lado, la calidad en las viviendas construidas deja mucho que desear, suponiendo un porcentaje importante de ellas, una bolsa de fraude a los consumidores. También existe el agravante de los acuerdos de colusión entre grandes constructores para fijar precios por m2. En concreto entre 1995 y 2000, los precios de las viviendas en España se encarecieron principalmente por el acuerdo entre constructores mientras que algunos políticos decían que subía el precio porque los españoles éramos mas ricos.
2008  - 2011.
Pero el tiempo ha pasado, el mercado de capitales internacional se ha cerrado y la economía española no ha generado expectativas industriales ni de otros sectores, suficientes para sustituir a los excedentes del ladrillo y la banca se encuentra totalmente endeudada con los operadores internacionales de capitales, sin haber consolidado su estrategia de crecimiento por la via de la absorción de otras entidades y sin liquidez suficiente para continuar con el negocio bancario tradicional .                   ¿qué hacer ahora?
Parte de lo único que pueden hacer, ya lo están haciendo: iniciar una verdadera guerra de precios por la captación del pasivo existente, elevar aún mas las comisiones de servicio,  reducir el activo a las operaciones totalmente viables, eliminado cualquier riesgo que incremente la imposibilidad de satisfacer sus obligaciones, pedir dinero público y ajustar dimensión  para capitalizarse y mantener su cuenta de explotación en equilibrio  y no cerrar.
Esta situación hace que los servicios bancarios en España sean de los peores de Europa y de los mas caros.

Mi opinión es que además de esto, todavía tienen pendientes actuaciones  importantes. En España aún queda mucho capital que no se mueve. Existen rentas inmovilizadas capaces de regenerar parte de la economía, o al menos darle un empujón necesario para que comience a andar de nuevo, aunque sea de manera  lenta pero constante.
Lo primero es hacer una valoración de la cartera inmobiliaria que posee la banca, ajustando valores a precios reales. Lógicamente esto no tiene sentido si el gobierno de turno, no habilita la profesión de perito tasador como dependiente del Ministerio de Hacienda.
 De estas valoraciones se desprenderán pérdidas en sus balances, pero que se verían compensadas en parte  por la ejecución de los créditos impagados a los constructores.  Éstos, los constructores, con el fin de no llegar a la ejecución, sacarían al mercado las viviendas a precios razonables y más ajustados a la realidad económica del país,  y no por el valor de la hipoteca sino asumiendo una bajada real en el precio a valores de 2000-2004 asumiendo las pérdidas, con lo que se reactivaría  el mercado de nuevo.

Las viviendas no vendidas y las ejecutadas a particulares y constructores,  pasarían cedidas por su valor a un banco semi estatal creado por el Estado y por las entidades bancarias que cediesen inmuebles, y que se encargaría de gestionarlos, mediante gestión privada,  en régimen de alquiler y venta a precios razonables, siendo  comercializado por los operadores privados que entren en el mercado ( agencias inmobiliarias) . De esta manera se facilitaría a su vez a los ciudadanos viviendas accesibles, lo que sin duda volvería a equilibrar el mercado inmobiliario, dando movimiento a las rentas de capital que ahora están estancadas.
Los bancos, una vez liberados del lastre de la vivienda tóxica, volverían a realizar su negocio bancario tradicional mediante la recapialización pública y privada, aceptando que toda ayuda pública implica obligaciones de gestión y transparencia. En este proceso, seguro que se estatalizarán algunas entidades, introduciendo en su gestión principios de rentabilidad, eficiencia y eficacia mediante entrada de operadores privados sujetos a objetivos, lo que no supondría ningún problema, dado que, una vez saneadas, volverían a ser vendidas en bolsa a los pocos años con lo que se recuperaría la inversión.
Sería necesario incentivar el mercado de productos  financieros entre todo tipo de empresas ( Pymes y Microempresas incluidas), tales como  pagarés de empresa, bonos  y préstamos participativos, mediante la reactivación del mercado primario o en su defecto con la creación de un banco semi público que comercialice dichos productos y cuyas emisiones estén controladas por la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Esta actividad permitiría acceder a estas empresas a esta fuente de financiación con lo que a su vez, reactivarían el mercado comercial. Este banco dejaría de operar una vez equilibrado el mercado financiero.
En cualquier caso  además, son necesarias reformas estructurales profundas  en el mercado de trabajo, en la formación de los menores de 21 años  y en la organización administrativa y política del país, para eliminar de una vez por todas, los lastres heredados de una sociedad con una democracia inmadura y con un déficit de formación importante.
 Con la ejecución de estas reformas pendientes,  España se convertiría  a medio plazo en un país altamente competitivo no solo en turismo sino en industria agroalimentaria, tanto en su fase de  producción como en transformación y comercialización, en energías renovables, en tecnología aplicada a las infraestructuras ferroviarias, en construcción aeronaval, en banca  comercial y en distribución y producción textil.  Y con una visión mas a largo plazo,  apoyar a  la investigación científica e intelectual  como motor de una sociedad futura  competitiva en cualquier sector a nivel mundial.
Pero por desgracia, ninguno de los partidos políticos existentes hasta ahora, serán capaces de  hacer nada de esto porque entre otras cosas, están más pendientes de lo  particular que de lo general.                  



Jesús María González-Prieto.

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