domingo, 5 de enero de 2014

NACIONALISMOS: EL MAYOR ENEMIGO DE SU PUEBLO.


A medida que avanza el capitalismo y la democracia, el viejo conservadurismo deriva en el radicalismo, basándose en la restauración del pasado. La tendencia política que busca el conservadurismo se apoya numerosas veces solamente, en una parte del pasado: aquélla que se identifica con sus propias creencias, olvidando el contexto y el resto de variables negativas que podrían desfigurar el ideal de conservadurismo buscado.

¿Qué representa el conservadurismo?: Jerarquía, aristocracia, prioridad de lo colectivo mal llamado estado y que éste predomine sobre el individuo dando una excesiva importancia de los principios sagrados.

“La tradición no es nunca estática y necesita una corrección permanente o reforma que la equilibre: Un estado sin los medios para hacer estos cambios carece de los medios para su conservación” ( Edmund Burke: The Political Philosophy of Edmund Burke un análisis realizado por Iain Hampshewr- MOnk 1987). Sin embargo, la mirada hacia adelante debe partir siempre de una mirada hacia atrás: “Quienes nunca miran hacia sus antepasados, nunca mirarán hacia la posteridad” (Anthony Giddins 1994)
La innovación sin reflexión, al contrario que la reforma, es peligrosa porque no hace caso de la asombrosa sabiduría contenida en las instituciones que han resistido el paso del tiempo. La furia y el frenesí de los cambios radicales pueden derribar en media hora lo que la prudencia, la deliberación y la previsión construyeron durante más de cien años.

La idea de que el individuo y los derechos individuales deben de ser valores fundamentales a preservar, no cala en el ideal del conservadurismo. Para éstos, el individualismo o la idea de que el estado se basa en un contrato con el individuo (teoría Roussiana) , son ambas, una verdadera insensatez. Para los conservadores, la sociedad es una asociación no solamente entre los vivos de la época sino entre quienes están muertos y quienes están por nacer. Por este motivo los valores defendidos tienen que ser preservados y la democracia traiciona esta relación asociativa, toda vez que democracia es equivalente a libertad individual.

Sin embargo nuestra historia reciente nos dice que el viejo conservadurismo ha muerto porque las formas sociales que pretendía defender han cambiado al unísono con la evolución en el pensamiento del propio hombre. Todos los intentos de volver al conservadurismo derivaron primero en un nacionalismo que promulga los estados independientes ( Mazzini 1805-1872, a raíz de su análisis sobre la caída de los imperios turco, austrohúngaro y ruso) derivando después en una línea de pensamiento fascista que acabó destruyendo la sociedad que pretendía preservar convirtiendo en enemigos a todas las demás sociedades que se relacionaban con la primera ( nacionalsocialismo, y su deriva nazi).

El conservadurismo actual, no pretende que la propiedad o las formas de jerarquía se mantengan ligadas a la nobleza como antaño. Hoy en día el conservadurismo se ha conciliado con la democracia, incluso en algunos casos se han convertido en sus más fieles defensores. Sobremanera cuando ésta es una herramienta útil a sus pretensiones. “La jerarquía en estos casos se basa en la aptitud heredada para ejercer el mando”, mediante la defensa de una clase política que se cree con cualidades distintivas para gobernar y perpetuarse en el poder.

Sin embargo es clara la aplicación de la metáfora de Karl Marx de que “ Todo lo que es sólido, se funde en el aire”, toda vez que todo principio en el que se basa cualquier línea de pensamiento, incluido el conservadurismo ha de adaptarse a los tiempos y ha de evolucionar en la misma medida que el propio hombre individual y social, dejando de ser sólido para convertirse en permeable y por tanto maleable socialmente y contaminado a la postre, perdiendo así su solidez antigua y adquiriendo la posibilidad de solidificarse en un futuro temporal de otra manera.

El conservadurismo busca tres pilares básicos para su justificación y permanencia: la autoridad, la lealtad y la tradición. Sin estos tres objetivos, no se mantiene en el tiempo y por tanto, no consigue alcanzar el estado de “principio sagrado a perpetuar”.

La autoridad la consigue creando las instituciones necesarias ligadas al propio conservadurismo y divulgando por todos los medios a su alcance las “cualidades trascendentes” de dichas instituciones.

La lealtad la consigue por la propia autoridad. La lealtad expresa el carácter orgánico de la sociedad ya que los seres humanos son capaces de actuar como individuos sólo porque pueden identificarse con colectivos mayores que ellos, colectivos que son específicos y que poseen un carácter histórico concreto: nuestro país, nuestra historia, nuestra forma de vida. Esta lealtad surge como expresión de lo que es social y moralmente trascendente según su patrón de actuación. Y esta trascendencia constituye también el núcleo de la tradición, tradición que se refiere a las costumbres y ritos mediante los que el pasado se confunde con lo presente. Las tradiciones relacionan la lealtad con la autoridad y acumulan los aciertos y errores de las generaciones anteriores.

Políticamente el estado nacionalista fusiona la autoridad, con la lealtad y la tradición con el fin de definir al individuo como súbdito desposeído de la curiosidad de la racionalización individual, pues ésta, en caso de desarrollarse de manera aislada, confrontaría los principios conservadores creando un conflicto entre el estado, los valores que promulga y la lealtad.
Las nuevas generaciones educadas en el sistema creado y ya desarrollado, alimentan al propio sistema haciéndolo más fuerte, hasta el punto que el propio sistema se convierte en un principio básico irrenunciable que hay que defender, a cualquier precio.

Económicamente, el estado nacionalista está necesitado de financiar de manera permanente la estructura de la autoridad, pues de los tres, es el objetivo básico que configura a los otros dos y sin el cual, los otros no se desarrollan. Para ello crea una red de dependencias económicas orgánicas tanto verticales como horizontales capaces de generar los recursos suficientes para sostener el sistema. Esta gran burocratización en una democracia, solamente se consigue cuando no existen otras fuerzas políticas que la contrarresten en sus mismos principios, es decir, en la autoridad, pero una vez creada la red, el sistema en el tiempo se vuelve vulnerable por la gran interdependencia que afronta a las fuerzas del propio sistema, lo que provoca tensiones que derivan en rupturas por la pérdida de transferencia de los valores que habían configurado inicialmente el propio sistema. Es decir, el sistema sociopolítico se convierte en un simple sistema de subsistencia económica, lo que genera a su vez puntos débiles en la fusión descrita de autoridad, lealtad y tradición o lo que es lo mismo, los propios nacionalistas se convierten en sus peores enemigos.




Para combatir los nacionalismos es necesario tener muy claro cuáles son los puntos débiles del sistema creado: su economía y el tiempo.
Atacando su economía durante un largo periodo de tiempo, el sistema una vez finalizados sus recursos, se vuelve inestable. La tradición pasa a un segundo término al desarrollarse con más intensidad la valoración individual que la colectiva ( primer enemigo del conservadurismo). Cuando el individuo empieza a pensar en sí mismo como objeto de desgracias, se vuelve directamente contra su entorno inmediato, con lo que la autoridad basada en la lealtad y en la tradición se van desmoronando.

Una vez que la lealtad ha sido cuestionada, en ese momento el individuo ya no actúa como un colectivo sino que empieza a mirar más allá de la autoridad existente y busca una autoridad superior que le elimine sus desgracias. Esta táctica mantenida en el tiempo consigue romper por completo el sistema que no puede sostenerse financieramente y que aunque al principio defina como enemigos a todos los que puedan interactuar con él con el fin de justificar su existencia, acaba por desmoronarse solo . En ese momento, es cuando tiene que existir un sistema democrático más fuerte y financieramente sostenible que ofrezca a los individuos un nuevo sistema basado en autoridad y tradición. Tradición diferente de la existente hasta ese momento con el sistema anterior pero que necesariamente tiene que tener elementos comunes con el antiguo pues de carecer de ellos, no se establecería la identificación de los individuos. Una vez establecidos los pilares del nuevo sistema (autoridad, financiación y tradición ) la lealtad llega por sí sola. Es cuestión de tiempo.

Lectura: Anthony Giddins : Beyond Left and Right: The future of radical politics- 1994-. Anthony Giddins es un magnífico investigador y analista social con mucha experiencia en el análisis de los movimientos sociales en todo el mundo que, si bien no desarrolla el socioliberalismo, su lectura es básica para entender el mundo sociopolítico actual.


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