viernes, 7 de septiembre de 2012

REDUCCIÓN EN EL MODELO DE ESTADO

REDUCCIÓN EN EL MODELO DE ESTADO


Sobre si la voluntad del pueblo es indestructible.

“ Mientras que varios hombres reunidos se consideren como un solo cuerpo, no tienen mas que una sola voluntad, que se refiere a la conservación  común y al bienestar general. Entonces todos los recursos del Estado son vigorosos y simples; sus máximas claras y luminosas. No hay intereses embrollados, contradictorios, el bien común se muestra por todas partes con evidencia y no exige más que sensatez para que se le perciba. La paz, la unión, la igualdad son enemigos de las sutilezas políticas.
Los hombres rectos y sencillos son difíciles de engañar debido a su sencillez; las añagazas, los pretextos refinados no se les imponen; ni siquiera son lo bastante sutiles para resultar víctimas de engaños.
Cuando en el más feliz de los países vemos a los campesinos en tropel arreglar los asuntos de Estado  bajo un roble y conducirse siempre prudentemente, ¿podemos evitar el despreciar los refinamientos de las demás naciones que se hacen ilustres y miserables con tanto arte y tanto misterio?
Un Estado así gobernado necesita de muy pocas leyes, y conforme se va haciendo preciso promulgar nuevas, todos experimentan esta necesidad. El primero que las propone no hace más que expresar lo que ya todos han sentido  y no se requieren intrigas ni elocuencias para hacer que tenga rango de ley lo que cada cual ha resuelto hacer en cuanto los demás estén dispuestos a hacer como él.
Lo que engaña a quienes han tratado este tema es que al no ver mas que Estados mal constituidos  desde su origen, les parece imposible mantener en ellos una organización de este tipo. Se ríen al imaginar con cuántas tonterías un sinvergüenza hábil, un charlatán sugerente, podría persuadir al pueblo.
Pero cuando el nudo social empieza a aflojarse y el Estado a debilitarse, cuando los intereses particulares comienzan a dejarse sentir y las pequeñas sociedades a influir en la grande, el interés común se altera y encuentra quienes se oponen a él. Ya no reina la unanimidad en las votaciones, la voluntad general no es ya la voluntad de todos, surgen contradicciones, debates profundos y la mejor opinión no se aprueba sin disputas.
Finalmente, cuando el Estado, cerca de su ruina, no subsiste más que de una forma ilusoria e inútil, cuando el vínculo social se ha roto en todos los corazones, cuando el más vil interés se ampara descaradamente en el sagrado nombre del bien público, entonces la voluntad general enmudece y todos, guiados por motivos secretos, no opinan ya como ciudadanos; como si nunca hubiera existido el Estado, y se hace pasar falsamente bajo el nombre de Ley, simples decretos inicuos que no tienen otro fin que el interés particular.
¿Se deduce de esto que la voluntad general está aniquilada o corrompida? No.  Ésta es siempre constante, inalterable y pura. Pero está subordinada a otras que prevalecen sobre ella. Al separar su propio interés del interés común, cada ciudadano  ve de sobra que no puede separarlo del todo, pero la parte de mal público que le corresponde no le parece nada en comparación con el bien exclusivo del que pretende apropiarse. Elude su responsabilidad sobre la voluntad general y la falta que comete consiste en cambiar el estado de la cuestión y responder otra cosa a lo que se le pregunta, de modo que en lugar de decir mediante sufragio que es ventajoso para el Estado, dice que es ventajoso para tal o cual partido que tal opinión se apruebe.”

El Contrato Social. Libro IV. Capítulo I
Jean Jacques Rousseau. 1762

Rousseau fue un transgresor en la Europa de mediados de 1700.Hasta tal punto que los políticos de la época, le marginaron, insultaron y ningunearon tildándole de enemigo número uno de las estructuras sociales de la época, teniendo que ganarse la vida como compositor musical y no como político.      Sin embargo su escasa obra de pensamiento socio político, forjó la inspiración de pensadores de los tres últimos siglos.
¿Qué tiene en común la Europa del 1700 con la del 2000?   Analizando a Rousseau, parece que mucho. Que a pesar del paso de los años, del sufrimiento generado por generaciones de políticos capaces de grandes logros y a la vez de grandes fracasos, la naturaleza humana no parece haber evolucionado notablemente en estos 300 años a pesar de las múltiples transformaciones sociales inventadas.
Los grandes descubrimientos y el avance tecnológico no parecen haber cambiado al ser individual  en sus características endógenas: El egoísmo y el afán de supremacía sobre el resto de la manada queda  claro que continúan hoy en día aflorando en todos los grupos sociales en cuanto surge la primera ocasión. Y ocurre  en todos los grupos de control de la sociedad.  Forma parte del individuo. De la misma manera que la lucha por obtener el avance y el progreso de las sociedades forma parte del hombre colectivo creado a partir del raciocinio, el pensamiento y el humanismo.
Por lo tanto aceptando tal condición humana como una debilidad intrínseca,  solamente la formación y el estudio serían  capaces de alcanzar un equilibrio en el ser individual para que en su interacción como hombre social o colectivo, tales debilidades sean controladas y puedan hacer avanzar a las sociedades modernas, creando las herramientas adecuadas para tal fin.
Pero para alcanzar dicho fin, los grupos de control de la sociedad habrán de tener muy claro cuál es el horizonte social a alcanzar y cuáles  son los caminos más adecuados para llegar a él con  un coste social y económico - financiero sostenible.
El coste social vendrá dado por la exigencia necesaria a los ciudadanos en las obligaciones impuestas para alcanzar dicho horizonte. Y el coste económico – financiero vendrá dado por la exigencia del grupo al que pertenecemos, de utilizar el dinero como medio para alcanzar el  fin. La rentabilidad será el  valor buscado para que el fin sea sostenible en la exigencia social de cada individuo, por medio de la ganancia que cada ser individual necesita obtener en su condición de ser social, para afianzarse como perteneciente a su grupo afín y como parte del engranaje de motivación  que  mueve al conjunto del ser social en su avance positivo como grupo.


Los grupos de control en la sociedad actual son los partidos políticos. Partidos que en su trayectoria histórica tuvieron diferentes motivaciones (proletariado, capitalismo, conservadurismo, progresismo, …)  pero que hoy día, se mueven de manera conjunta  absolutamente influenciados en sus decisiones por un  poder financiero  cada vez más influyente bajo los principios de mantenimiento de las características endógenas del ser individual anteriormente descritas.
 Moralmente, dicha influencia puede ser criticable. Depende de la visión individual, pero no hay que olvidar  que el sector financiero subsiste bajo el absoluto principio del ánimo de lucro, y en consecuencia, su fin justifica casi todos sus medios. 
Es la contraparte, es decir, los partidos políticos, en su condición de grupo de control de la sociedad y de herramienta de gestión de ésta, los que con su rol de subrogación a los intereses de los mercados financieros, no tienen justificación alguna.
Durante las últimas décadas, se ha venido fraguando dicho tándem- partidos políticos, poderes financieros-   a lomos de los ciudadanos, modificando éstos su papel en menoscabo del ser colectivo y con la contrapartida  del alza del ser individual ensalzado por los grupos de control.
Como podemos ver, la descripción de Rousseau de hace 300 años, no dista mucho de la que podemos observar hoy en día.                    ¿Hasta dónde podemos llegar?         ¿Cuál es el camino correcto para consolidar una sociedad moderna en la que se equilibren de manera sostenible el ser individual y el ser colectivo?             .Viendo el análisis de la sociedad dada por Rousseau en 1700 y la sociedad actual de 2012, ¿qué debemos de entender por una sociedad moderna?                   ¿Se aceptan los actuales partidos políticos como verdaderos grupos de control válidos?


El principio aceptado de que el Estado tiene  razones para actuar  que la razón no entiende es un principio aceptado en las sociedades modernas existentes hasta ahora.  Claro está que dicho principio se permite solamente cuando  el Estado es capaz de realizar dichas actuaciones,  aceptando al mismo tiempo los ciudadanos  que a cambio de estas razones, el Estado les ofrece seguridad, pues sin la existencia de esta premisa, las razones carecen de razón de ser y pierden su vigencia.
Por lo tanto, cuando los actuales partidos políticos dicen a los ciudadanos que el Estado está por encima de todos ellos, habrá que reflexionar sobre si de verdad el Estado es el ser colectivo aceptado por los ciudadanos como instrumento de gestión de la sociedad que lo regula por medio del Derecho positivo, o verdaderamente el Estado ha perdido su condición, prostituida por los grupos de control existentes en  la sociedad.  En este análisis habrá que definir qué se considera seguridad ofrecida por el Estado, porque como muchos juristas de Derecho Administrativo han definido, la administración (como conjunto amplio de Estado)  no es un ente propio de naturaleza obvia, sino que se manifiesta a través de sus componentes. Es decir, del hombre individual que actúa bajo el paraguas y la protección que el hombre colectivo ha instrumentado para regularse a si mismo.
La sociedad actual alcanza un límite en su elasticidad de autogestión que está a punto de ser sobrepasado. Quebrando al ser colectivo y transformando al ser individual en un ente insolidario con ánimo de lucro propio, relegando  al ser colectivo a un mero papel de instrumento del objetivo individual, bajo la falsa imagen de búsqueda del objetivo colectivo.
Lo viven los ciudadanos de un país en relación a los partidos políticos y organizaciones políticas de toda condición de un solo país. Y lo viven los ciudadanos de un grupo de países en relación a la presión que ejercen unos gobiernos políticos sobre otros gobiernos del mismo grupo de países.
En definitiva: El Mundo y Europa hoy.

Como apreciamos al principio, esta debilidad forma parte de la condición humana y por tanto, ha de ser aceptada como variable a tener en cuenta a la hora de definir y utilizar  las herramientas de gestión social.  Pero entonces, cuando  los partidos políticos ya no son considerados por los ciudadanos como  regeneradores de la sociedad colectiva, y los gobiernos políticos tampoco aportan soluciones ni globales ni individuales a los problemas de los ciudadanos, ¿ a dónde camina la sociedad?  ¿Qué salida le queda al ciudadano antes de perder la condición de ciudadano?

Lo fácil sería decir que la anarquía y la posterior solución dada a lo largo de estos 300 años.  Pero el camino fácil solamente lo pueden adoptar sociedades simplistas, de escasa formación y con una estructura intelectual de sus ciudadanos débil.
Por suerte, Europa hoy en día  goza de un privilegio que nadie puede dudar: No es una sociedad global simple ni está compuesta por sociedades más pequeñas a su vez simples. Aunque también podríamos asegurar que en muchas ocasiones, ciudadanos individuales  se comportan con un grado de simpleza digna de la más aberrante de las definiciones.

La solución por difícil que sea, es crear nuevas estructuras de gestión a iniciativa de los ciudadanos que sustituyan a las actuales, o al menos que las corrijan;  que ilusionen de nuevo a los ciudadanos, que el desarrollo intelectual surja de nuevo desde  la sociedad, desde los cimientos de la sociedad, desde el compromiso temporal del ser individual para con el grupo  ( el propio grupo tan pequeño en principio que no sea controlado por los grupos existentes) aprendiendo de los errores cometidos por los gobiernos políticos existentes y aportando soluciones entendidas por los ciudadanos y apoyadas por ellos. El camino realizado por las generaciones anteriores tiene que servir de línea de aprendizaje para la sociedad futura.
 Actualmente Europa goza del mejor capital humano de toda su historia y no puede desaprovecharlo permitiendo que la construcción europea iniciada hace años, se venga abajo por los errores cuasi permanentes de muchos gobernantes.
La Comunidad Europea como fin del Estado moderno global en esta zona geopolítica,  erró en la definición de sus principios de gestión, pero la curva de experiencia ha de servir para algo. Las sociedades han de regenerar a sus gobiernos mediante su transformación y evolución hasta encontrar herramientas de gestión social útiles para los ciudadanos. Soluciones particulares cuando sean aplicables y generales cuando las circunstancias lo requieran.
La  labor de esta reflexión es la de estimular al lector en su condición de hombre social. La de fomentar al hombre individual en la búsqueda de soluciones colectivas mediante el esfuerzo individual cedido temporalmente al hombre colectivo para hacer evolucionar positivamente a la sociedad. Un pacto temporal con el grupo al que pertenece. Una obligación moral entendida como peaje con la historia contemporánea de cada hombre individual a favor del grupo. Un camino de ida y vuelta desde el hombre individual al colectivo y viceversa, permitiendo de esta manera una regeneración social mediante las múltiples aportaciones individuales por el camino de la concordia, de la paz, del humanismo y del entendimiento.

Caso concreto de España.
El análisis descrito anteriormente sobre el comportamiento del ser individual y del ser colectivo, son aplicables desde luego también a la sociedad española como parte integrante de Europa y de las sociedades desarrolladas. Sociedad que al igual que otras sociedades, han cometido errores en su fundación estructural actual,  y que hoy son causa de innumerables desajustes socio  - económicos que conllevan a la situación actual de desilusión, desvinculación de los ciudadanos con los grupos de control de la sociedad, pérdida de status de grupo y pérdida de identidad propia.
La actual estructura de organización socio política por la que existen, además de muchos ayuntamientos mal dimensionados, 17 autonomías regionales que llevan asociados 17 parlamentos autonómicos, un congreso de los diputados y un senado, configura un conglomerado sin objetivo común, inmerso en una lucha de poder continua que impide avanzar como país. No existe un control férreo de las estructuras existentes y ha sido consolidado el principio del   “divide y vencerás “, que bajo una bandera autonómica, se consolidó a lo largo de los últimos 30 años.
De una manera gráfica la situación actual es la siguiente: 
Definiendo cada opción electoral como un micro - proceso autónomo de organización social, con su estructura independiente respecto de la siguiente,  aunque vinculada entre sí por una relación legal, obtenemos 4 estructuras diferentes en el organigrama de la gestión social española:  Ayuntamientos, Autonomías, Senado y  Congreso.

Cada estructura implica,  porque así está establecido con el complejo  normativo actual,  el desarrollo y la consolidación de  una serie de puestos políticos organizados con un grado de independencia entre sí en el plano horizontal,  pero con una alta relación de dependencia vertical entre las distintas estructuras que consolida el sistema creado. Se impide de esta manera  una verdadera autonomía entre las partes y a cambio, se consolida  un “micro mercado político” que se autoalimenta a sí mismo utilizando la Ley, como herramienta para defenderse de los ataques externos de pensamiento y acción de los ciudadanos no pertenecientes al micro -mercado, y que pudieran desestabilizar el sistema creado.
Este sistema que en el fondo puede tener cierto grado de aceptación, bajo  el único fin de consolidación de herramientas de gestión social útiles, pierde el derecho de su existencia concedido por la sociedad, cuando ya no ofrece ningún beneficio a la sociedad, o, dicho de otro modo, cuando el coste de su mantenimiento es muy superior a los beneficios obtenidos en gestión social como ocurre actualmente.
Evidentemente la propia naturaleza de los hombres, hace que el alimento de esta estructura se haya mantenido   a lo largo de los tiempos, (en un horizonte actual de los 30 -40 últimos años)  porque de la inexperiencia surgió una herramienta inicial que dio algunos beneficios aparentemente elevados, pero que terminaron por tener  muy poca consistencia como  para perdurar en el tiempo: Hoy es el mañana de hace 35 años.

Este sistema actual creado por los grupos de control de la sociedad actual, “secuestra” la democracia haciendo que el principio básico que originó la creación de los estados modernos se difumine en sus mentes hasta el punto de que, tal como definió Rousseau, la voluntad general se subordina a otras voluntades individuales que prosperan.   Dicho principio básico no es otro que el sentido común del individuo formado.

En consecuencia con el análisis expuesto, habría que buscar alternativas al sistema de gestión social creado en la actualidad. Podrían ser muchos los supuestos. Cada formación política existente debería de plantear soluciones a este gran  problema y sin embargo, no existen planteamientos ni alternativos ni sustitutivos o modificativos. Ni siquiera fondo de debate inicial, lo que remarca un claro posicionamiento a favor de las estructuras actuales que consolidan un  oligopolio social creado al margen de los ciudadanos. Un elitismo basado en la correlación personal y de ideología en lugar de elitismo creado por la resolución intelectual como herramienta para alcanzar el fin social común. Y en esta definición, hemos identificado claramente a Rousseau.




El desarrollo socio liberal que fomentamos, en la medida que trata de ser una herramienta de gestión social surgida de los ciudadanos y para los ciudadanos, no puede ni quiere mantenerse al margen de la inacción actual de los grupos de control  existentes.
El propuesto en esta exposición, se fundamenta en la eliminación de las duplicidades existentes que suponen una merma de recursos escasos:
Mediante eliminación del sistema que permite la toma de decisiones políticas que afectan a una parte de la población, y que en la actualidad, no tienen en cuenta al resto de la población afín (la del resto del Estado español).
Mediante eliminación de la doble asignación de recursos escasos ineficientes en que deriva la actual generación de puestos políticos en la existencia de 17 parlamentos autonómicos.
Mediante eliminación de las ineficiencias actuales que supone tener un senado sin verdadera función regeneradora de la representación de los diferentes territorios  autonómicos.

Gráficamente, la propuesta realizada es la siguiente:



La definición del Senado y la figura del senador son la clave de la propuesta.

 El Senado asumiría de manera definitiva, el verdadero papel de cámara de representación autonómica, asumiendo las funciones de la  totalidad de los 17 parlamentos autonómicos actuales, que desaparecían por fusión en un único parlamento autonómico (el Senado).
El presidente de cada comunidad autonómica sería el candidato nº 1 de la lista al Senado que a su vez sería candidato a la presidencia de la comunidad autónoma, y el vicepresidente sería el candidato  nº 2 de la citada lista. Una vez elegidos como presidente y vicepresidente, son sustituidos en el Senado por los números 3 y 4 de la lista de candidatos.
 No habría debate de investidura al ser nombrado presidente directamente el candidato de la lista más votada.   Dicho presidente  formaría el gobierno autonómico con un número limitado de consejeros (entre 8 y 10) y los nombramientos serían  de libre elección para el presidente, sin necesidad de que los consejeros estuvieran inscritos en lista electoral alguna.
Se celebrarían  2 veces al año, sendos debates del estado de la autonomía, que se realizaría en la comunidad autónoma concreta y entre los senadores de todos los partidos representantes en dicha comunidad. Estos serían los únicos debates que se mantendrían en la comunidad autónoma ya que todos los demás, se realizarían en el Senado.



Con este planteamiento se obtienen muchas ventajas sobre el modelo actual:
            La primera y tal vez la más importante es el incremento de valor que experimenta la democracia, toda vez que en la medida que los senadores de una  determinada comunidad, tratan de sacar adelante propuestas que son buenas para su comunidad autónoma, deberán ya no solamente  convencer a los senadores de su misma circunscripción que sean de otros partidos, sino que además, tendrían que convencer a los del resto de España de que, dichas medidas no son perjudiciales para el resto de territorios, lo que sin duda elevará el nivel y la profundidad de las propuestas y fomentará el debate político.
Este método permite asimismo cohesionar y vertebrar la solidaridad entre territorios dentro de España y elimina las competencias desleales existentes entre territorios.

            La segunda y de mucha importancia, es la enorme reducción de gastos existentes actualmente.  Al desarrollarse todo el debate político territorial en el Senado. Los equipos de trabajo se reducen de manera considerable por cuanto que  desaparecen los sueldos de los parlamentarios autonómicos y de sus asesores (ambas figuras desaparecen).
Los servicios de publicación territoriales  (boletines autonómicos) se unificarían  en uno solo (Boletín Oficial de la CCAA) incrementando el ahorro y la eficiencia.

Con este modelo los senadores se convierten en los verdaderos defensores de los problemas autonómicos, creando  una herramienta de gestión social útil, equilibrada y sostenible.

Jesús María González  Prieto

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