martes, 30 de agosto de 2011

Análisis actual.

Oviedo,  Agosto de 2011.
                                                                                            


Muchos son los problemas que nos afectan en estos tiempos en que nos toca vivir. Sería difícil obtener una conclusión clara de si en comparación con otros tiempos pasados, éstos son mejores o peores que aquéllos. Yo quiero pensar que de manera global somos afortunados aunque puede que nuestros antepasados dijeran otra cosa. Tal vez si pudieran vernos ahora, sencillamente, no nos entenderían.

Hoy, la sociedad española  se encuentra inmersa en una lucha por la propia definición de sí misma. La lucha social es  sinónimo de lucha por el confort, por el glamour, por el estrellato pecuniario, por el ser mas bell@ que nuestro vecin@, por estos valores que todos necesitamos. Son valores individuales, de derechos, de exigencia del ser individual al ser colectivo. Dando por supuesto que el ser colectivo está ahí porque sencillamente tiene que estar. Porque es su obligación. No preguntamos si tiene coste o no. Solamente lo demandamos.

Dichos valores surgieron por aquéllos que construyeron nuestro país en los años sesenta y setenta, bajo el recuerdo y la influencia de lo que los historiadores analizan según su criterio, y que en un entorno demasiado cambiante para ellos, adornaron el camino que ahora nosotros, tenemos que andar. Somos producto de nuestra propia historia, de nuestros aciertos y de nuestros fracasos como sociedad, como ser social, y no podemos cambiar nuestro pasado por más que queramos. Y estamos obligados a aprender de él.

 El estado de bienestar  no está definido de manera consistente.  Surgió en el XIX como respuesta a la precariedad laboral que originaban  los casos de accidente o enfermedad. Tras la equivocada idea liberal implantada en la sociedad de finales del XIX y comienzos del XX donde se pensaba que los individuos eran los causantes de sus propias desgracias,  tras la durísima experiencia de las dos grandes guerras del XX se demostró que la idea inicial descrita estaba totalmente equivocada.  En muchas ocasiones, los individuos no son los causantes de sus desgracias. El auge del sentimiento de camaradería, de esfuerzo conjunto y de solidaridad que surgió en las grandes guerras, hicieron posible la unión de los hombres para luchar de manera conjunta en la protección de los niños, de los ancianos, de los enfermos y de las mujeres con hijos. Este fué el origen del estado del Bienestar  que hoy después de 60 años todos apreciamos. Todos valoramos. Todos necesitamos. Y  nuestro país como parte de este entorno, estamos inmersos en la misma problemática que nuestros vecinos: ¿Cómo lo valoramos, mantenemos y desarrollamos? ¿Dónde está el límite del estado del bienestar? ¿Cuál es la contraprestación natural del estado del bienestar sostenido con fondos públicos? Estas son las cuestiones que a nivel mundial, aún están por resolver.

Los políticos españoles de los últimos treinta  años, fundamentaron sus decisiones en muy pocos conceptos claros: descentralización administrativa sometida a  dependencia política. Construcción de una partidocracia minusvalorando al ciudadano. Utilización de la Ley como herramienta de control, dominio y lucro y el mantenimiento de una estructura social y económica basada en un modelo preexistente  y heredado.

Y ahora, 2011, nos encontramos donde estamos: desmoralización de la sociedad. Inexistencia de valores de grupo, de responsabilidad social, negación de un concepto social único y aceptado por todos, que nos defina como Estado fiable, solvente, responsable, viable. Falta de credibilidad internacional. Inexistencia de definición de estructura económica que nos sitúe internacionalmente como competidor real.  

La estructura socio – político – económica en España, no es que esté en crisis, tampoco en reestructuración. Está en desmantelamiento. Lo que hay no vale. No funciona. Hay que aportar modelos nuevos partiendo de premisas nuevas surgidas de la experiencia y de los resultados y acordes con los tiempos nuevos.
Socialmente no existe compromiso ni participación. Políticamente se ha constituido una partidocracia y económicamente tenemos al 22% de nuestra población en paro.

Hoy y ahora ya no podemos mirar hacia otro lado. Los ciudadanos estamos en la obligación moral, profesional y social, de ralentizar nuestros caminos individuales para destinar recursos y esfuerzos a la creación de la  labor colectiva.

Populi ratio, politicorum instabilitatem librat
“La razón del pueblo, equilibra la inestabilidad de los políticos”


Las dos grandes líneas de pensamiento desde el XIX han sido hasta ahora  el socialismo de Karl Marx llevado a extremos por los comunistas  y en oposición, los liberales y neoliberales.
 Fueron muchos quienes analizaron e interpretaron sus postulados, dando explicación al comportamiento humano desde el punto de vista del individuo en su interacción económica y en su interrelación social o colectiva, desde entonces hasta nuestros días.

Dichos patrones de comportamiento y análisis de situaciones tuvieron siempre dos denominadores comunes fuesen quienes fuesen los actores que dirigían la sociedad : el primero fue creer que no existía nada mas fuera de ambas líneas de pensamiento, y el segundo, saber que las mismas ambas dos, eran totalmente irreconciliables: o la una, o la otra, pero no juntas.

Fruto de los enfrentamientos de estos principios globales, vivimos, en gran medida, los convulsos años en todo el mundo desde finales del XIX que tanto daño causaron.

La sociedad moderna es economía y la economía es una ciencia social. Este principio básico es aceptado de manera general. Y  toda la economía viene marcada por el comportamiento de los individuos tanto de manera subjetiva ( ofertante - consumidor individuales ) como de manera objetiva o social ( el conjunto de los consumidores y mercados).
En consecuencia, la línea de pensamiento que influye en cada individuo ya sea éste subjetivo o social, marca a su vez, la economía en el mismo ámbito geográfico y temporal en el que  la línea de pensamiento ejerce su influencia. Esto que es una obviedad, adquiere notable importancia a la hora de explicar y desarrollar un modelo de pensamiento y acción.

Por otro lado, las dos líneas de pensamiento descritas como clásicas (las citadas socialistas -  comunistas versus   liberales – neoliberales )  nacieron  en un entorno muy concreto : la Europa de la revolución industrial. Y en un momento en el que las sociedades más desarrolladas, estaban en la prehistoria respecto al avance tecnológico del XXI.  Estas teorías se desarrollaron fuertemente durante la primera mitad del siglo XX y comenzaron a decaer en la segunda mitad, hallándose hoy en día, año 2011, en una verdadera encrucijada sobre el ser o no ser, en los términos de utilidad aplicada a la sociedad actual.

En el siglo XXI tenemos la globalización, internet y sobre todo, conocimiento y experiencia así como una idea muy desarrollada de lo que significa la justicia social.  Estas variables son nuevas, no existían en el XIX ni en la primera mitad del XX y toda teoría o línea de pensamiento que intente explicar el comportamiento humano en nuestros días, en especial en los ámbitos económico y de grupo,  habrá de recoger  fórmulas que incluyan éstas variables y modelos de comportamiento de las mismas. De otra manera, estarán abocadas al fracaso.

Junto a estas variables, surge asimismo un entorno nuevo que emana de la propia evolución del hombre social. Sobremanera después de las dos grandes guerras del siglo XX: EL ESTADO DEL BIENESTAR SOCIAL. Y este es el panorama en el  que toda línea de pensamiento debe desenvolverse.

En consonancia con lo dicho hasta ahora, ¿podemos afirmar que cualquier teoría que regule hoy el comportamiento humano en lo económico y en lo social, tiene que ser necesariamente función de las teorías clásicas? .   Mi opinión es que afirmar dicha premisa, es semejante a  decir que el socialismo o el liberalismo surgido del XIX no es más que una evolución de las polis griegas, de las civitas romanas o de los consellos vasallos de la edad media.  ¿ Y lo es?   Pues habrá que decir que en cierta medida sí.
En la medida en que el hombre es experiencia de las épocas anteriores del propio hombre.
Y nadie negará que ni los tiempos, ni la experiencia, ni los condicionantes, ni el propio hombre en sí mismo, ya sea considerado de manera individual o colectiva, son ahora los mismos, ni siquiera parecidos a lo que eran en la primera mitad del siglo XX.

Los llamados socialistas o neo socialistas o progresistas siguen proponiendo una intervención mayoritaria del Estado en el control  de la sociedad, considerando  al individuo como una parte inestable del Estado cuyo comportamiento debe de ser condicionado por un Estado fuerte.
La llamada tercera vía socialista, trata en vano de acercarse a los principios liberales pero no explica dónde está el límite ni define cómo ha de evolucionar el sistema. Y falla de manera notable al encontrarse con la frontera de su propia existencia: el fin del estado socialista y el traspaso a un estado liberal.

Los llamados liberales o neoliberales siguen proponiendo que ha de ser el individuo el elemento fuerte del sistema y que el Estado no ha de intervenir más que para configurar el entorno que permita el desarrollo de los individuos.

Frente a estas dos posturas irreconciliables en sus principios, y demostrada su ineficacia  frente a los problemas sociales surgidos en la actualidad, necesariamente tiene que surgir una solución que cumplimente las necesidades de nuestra sociedad actual, que se identifique con los problemas de los ciudadanos y que encuentre el camino por el que la sociedad pueda continuar evolucionando hacia el sostenimiento y desarrollo del Estado del Bienestar.  Dicha solución no podrá ser absoluta como las teorías clásicas descritas, no ha de ser inmovilista ni rígida como las clásicas, no ha de ser cerrada, como las clásicas, hará primar la meritocracia del conocimiento y  la profesionalidad en lugar de primar la partidocracia  como las clásicas,  ha de ser flexible, abierta a los ciudadanos,  dinámica, creíble, realista y sobre todo : TRANSPARENTE en su funcionamiento e inquebrantable en su objetivo que ha de ser único, y que será sin duda, anteponer los intereses colectivos a cualquier otro principio. Esto es lo que promueve el  SOCIOLIBERALISMO.

Ideario contra el que luchan  tanto liberales como socialistas o socialdemócratas como se llaman ahora,   porque supone la pérdida de espacio político para  ambas líneas de pensamiento, al integrar y combinar principios válidos de una y de otra línea, en una única línea de actuación.

En el SOCIOLIBERALISMO No han de existir titubeos en la aplicación de los principios. No se trata de una aplicación variable del tándem progresismo – liberalismo, conforme según los devaneos de los mercados. El socioliberalismo deja muy claro que el Estado compite como uno más en la oferta de servicios en los mercados, por eso su tamaño no ha de exceder del tamaño de influencia notable en aquéllas sectores de la sociedad que no supongan un principio básico irrenunciable. ( son principios básicos irrenunciables de todo Estado moderno, el control de la educación de sus ciudadanos, la impartición de una justicia independiente en igualdad, el control de la hacienda pública y la seguridad de los ciudadanos y  en éstos, el control del Estado ha de ser el 100% ..)

El SOCIOLIBERALISMO aboga por el desarrollo individual como fuente de crecimiento tanto del hombre individual como del hombre colectivo. En este sentido, la libertad de acción del hombre individual en pleno desarrollo dentro de un sistema económico es totalmente libre, con la única salvedad de la necesaria contribución al sostenimiento de los principios básicos irrenunciables de todo Estado moderno y del nivel de desarrollo del Estado de Bienestar, Y esta última ha de ser la variable que , medida de manera consensuada entre las naciones de un mismo nivel macroeconómico, defina la interacción entre economías pertenecientes a Estados desarrollados.


En el caso concreto de España, lejos de movimientos asamblearios callejeros que no conducen más que a una pérdida de valores, de efectividad y  de resolución práctica de los problemas, solamente se puede modificar el sistema desde el interior del propio sistema, es decir, por la vía política, democrática y pacífica. Mediante la creación de un nuevo partido político que sirva a la sociedad como una herramienta de gestión, que modifique las actuales estructuras socio político económicas y que dirijan el país hacia un Estado moderno, rentable, útil y con capacidad suficiente para competir con otros países en calidad, eficiencia, eficacia, desarrollo  y responsabilidad social.
Capacitando a sus ciudadanos técnica y humanísticamente de manera que sus aportaciones individuales eleven el nivel de desarrollo intelectual colectivo. Esto sin duda eleva el nivel de desarrollo social como consecuencia de la interacción económica de los individuos ente sí y entre otros individuos del resto del mundo. Con una participación minoritaria pero notable del Estado como elemento vertebrador  de los principios básicos reguladores  de la gestión de una nación y manteniendo el  Estado de Bienestar como "máxima irrenunciable " para definir a esta nación como sociedad desarrollada.

Los partidos de centro admiten soluciones progresistas y liberales existentes, tomadas de manera individual y abrazando a unas u otras en función de las necesidades. Pero estas medidas siempre chocan con el límite impuesto al modelo de Estado y están sujetas a los vaivenes de los mercados financieros . (el modelo de Estado actual en España, es claramente de tendencia progresista, lo que le impide asumir decisiones necesarias en los cambios estructurales).
Por el contrario, el socioliberalismo comienza por definir cuáles son los límites y las funciones del Estado, redefiniendo a partir de ahí, cómo han de desarrollarse todos los demás aspectos de la estructura social, política y económica, para el mantenimiento del Estado del Bienestar. Limita la intervención del Estado al mantenimiento de los cuatro pilares básicos descritos y solapando en todos los demás sectores de la sociedad, la economía pública con la privada, teniendo el Estado un peso específico relativo pero no dominante. Esto impide a los especuladores financieros atacar a un país como un todo, ya que estaría atacando a empresas privadas que actúan por principios de rentabilidad, eficacia y eficiencia, lo que sin duda, contagiaría al Estado de los mismos principios.
Se puede plantear el socioliberalismo como la evolución natural en nuestros tiempos  del progresismo y el liberalismo.


Plantear un fondo de debate en la sociedad, ilimitando el acceso a cuantas personas quieran debatir, sin tener claros unos objetivos y una herramienta de gestión de un  colectivo tan dispar, resulta una labor tan poco productiva como dispersa en los fines y en los medios. Por este motivo, el movimiento asambleario surgido en las calles en la actualidad, no tiene futuro.
Si por el contrario se limita el acceso de manera sectaria, se puede convertir en un club de selectos que poco tiene que aportar a una sociedad de la que no absorbe las necesidades.
Por este motivo, la única manera de ofrecer a la sociedad una herramienta de gestión del Estado, de amplia participación y difusión de las ideas que enriquezcan la organización de la sociedad en su conjunto y que participe en la creación de una democracia más participativa, es el nacimiento de un nuevo partido político nacido de la propia sociedad que vive en el sistema pero no del sistema: EL PARTIDO SOCIOLIBERAL, objetivo a alcanzar en los próximos años si la sociedad se convence de ello. 


El modelo socio político económico en España, no es que esté en reconversión, sino que lo que hay no vale, no funciona, no es representativo de los problemas de la sociedad, y en consecuencia está en desmantelamiento.      Hay que crear un modelo totalmente nuevo, ya que por lo explicado anteriormente, ninguno de los partidos políticos que hay en la actualidad, son capaces de hacerlo. De romper con su pasado. De regenerarse. De identificarse con la sociedad. Cuando además la corrupción está implantada en el sistema de manera tan general, el sistema ya no se puede regenerar. Hay de desmontarlo manteniendo los pilares básicos que sostengan al pais social y económicamente, y reconstruir un nuevo sistema con mayor control, transparencia y valores.
¿ Cómo es posible que teniendo España las mejores promociones de universitarios de toda su historia, prácticamente ninguno, porcentualmente hablando, quiera incorporase a un partido político de los existentes?  ¿Es posible que nuestros jóvenes y no tan jóvenes, no quieran hacer nada por cambiar a mejor esta sociedad?  Y si esto es así, ¿por qué entonces somos uno de los países más solidarios del mundo, con enorme participación en ONG´s?    
  
Miles de ciudadanos se preguntan ¿qué puedo hacer para ayudar  a mi gente, a mi sociedad, a  mi barrio, a mi comunidad?  Hasta ahora, la opción de un partido político no entraba en sus planes. ¿Cómo voy a participar si los partidos mayoritarios hasta ahora son algo así como un club de amigos que velan por sus intereses solamente y de los intereses de los suyos?
Esta es la opinión que tenemos la sociedad en general de los partidos políticos existentes  hasta ahora. Los principios irrenunciables y la lucha de poderes en los partidos existentes, desencadenaron como consecuencia sistemas férreos y cerrados que son el deterioro de los propios partidos, eliminando el mejor sistema de ventilación que existe: la democracia.
 Pero ésta no se puede ejercer si no se escucha por un lado a quien pretendes gobernar, y si no eres capaz de arriesgar tu prestigio personal y tu decisión.
 En los tiempos en los que vivimos toca ser tremendamente útil y práctico, por lo que toca editar soluciones y propuestas  acertadas y arriesgar.
Por este motivo, los ciudadanos sabiendo como sabemos que los partidos políticos existentes no van a cambiar las estructuras básicas en las que se han instalado, interpretando nuestras demandas solamente desde un punto de vista interesado, y sin asumir ni riesgos ni responsabilidades más allá de una convocatoria electoral, debemos unirnos en una herramienta que compita directamente con sus propias armas. En un partido político que se ofrezca verdaderamente a los ciudadanos, abierto en su funcionamiento y transparente a todos los que quieran participar,  aportar y escuchar. EL PARTIDO SOCIOLIBERAL. Con una apuesta verdadera  por soluciones conjuntas entre lo público y lo privado.  Con un programa abierto a los afiliados, que pueden constituir y cambiar mediante una verdadera democracia interna.
Demostrando que hay otra manera de gestionar un país, de trabajar para los ciudadanos: con ellos, no contra ellos.

Es el momento de asumir como ciudadanos el papel que nos corresponde. De ejercer nuestra obligación y responsabilidad. De iniciar un camino individual que marque un camino global, Todos en una piña, con la solidaridad y transparencia de una comunidad de vecinos, y la eficiencia de una empresa multinacional. Con camino de ida y vuelta. Un compromiso temporal con la sociedad y para la sociedad. Todos podemos hacer algo, por pequeño que sea: unas horas en nuestro barrio, en nuestro trabajo, en nuestra comunidad, en nuestro ayuntamiento,… en nuestro gobierno.
Un país no se arruina por pagar bien a sus políticos en el ejercicio de su actividad, se arruina por el despilfarro generado por éstos.
Solamente con la unión de todos podemos cambiar las estructuras de este país:  España. La de todos.
Solamente con el esfuerzo de todos, por pequeño que sea, podremos trabajar para nuestro futuro, aportando soluciones técnicas, humanas, sencillas y complejas que redefinan el tipo de país que queremos. Sin rencillas ni rencores pasados. Aprender del pasado para construir el futuro.
No va a ser fácil. Conscientes de que esta es una lucha de enanos contra gigantes. Costará cambiar las estructuras actuales por otras nuevas, mejores, mas solidarias, con mas democracia, más útiles, mejor preparadas.  Costará y mucho convencer a los ciudadanos de que den un paso al frente. De que la solución está en los propios ciudadanos. De que no podemos seguir pensando que otros nos resolverán nuestros problemas.  Pero podemos hacerlo de la mano, la unión y el esfuerzo de nuestros universitarios, de los miles que tenemos listos en España para asumir responsabilidades y de la experiencia de los menos jóvenes.
Debemos intentarlo.  Por el futuro de nuestros hijos. y de nuestros jóvenes.
¡Estamos obligados a ello¡

Jesús María González.
Economista.

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